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INTER IURIS y CEJIP buscan Abogados
Sunday, 10 de May de 2009

Se busca abogado o abogada menor de 30 años, con título en provisión nacional posterior al año 2006 que cumpla con los siguientes requisitos:

-          Sólidos conocimientos de derecho penal y procesal penal.

-          Interés en litigación oral.

-          Se apreciará experiencia previa en litigación.

-          Dispuesto a participar en un proceso de selección.

Ofrecemos:

-          Capacitación previa al proceso de selección.

-          Curso formal de capacitación en técnicas de litigación a los seleccionados.

-          Formar parte de un equipo de litigación intensiva.

 Los interesados deberán remitir su hoja de vida, acompañado de una carta en la que se especifique los honorarios pretendidos y un párrafo sobre cuáles son los motivos de su interés en la litigación penal y cuál es su rol de preferencia (acusación o defensa) a la casilla 1179 del Correo Central de La Paz. Details ...

INTER IURIS y CEJIP buscan Estudiantes de Derecho
Sunday, 10 de May de 2009

Se busca estudiante menor de 30 años, que hubiese vencido la materia de Derecho Forense Penal o su equivalente con una nota superior al 70% y que cumpla los siguientes requisitos:

-          Sólidos conocimientos de derecho penal y procesal penal.

-          Interés en litigación oral.

-          Dispuesto a participar en un proceso de selección.

Ofrecemos:

-          Capacitación previa al proceso de selección.

-          Curso formal de capacitación en técnicas de litigación a los seleccionados.

-          Formar parte de un equipo de litigación intensiva.

 

Los interesados deberán remitir su hoja de vida, acompañado de una carta en la que se especifique los honorarios pretendidos (de existir) y un párrafo sobre cuáles son los motivos de su interés en la litigación penal y cuál es su rol de preferencia (acusación o defensa) a la casilla 1179 del Correo Central de La Paz.

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Obligados a ser pobres PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Leticia Lorenzo   
Saturday, 05 de January de 2008

Vamos a hablar de enemigos. No de todos, sino de uno en particular, el de turno en la época que nos toca vivir. A lo largo de la historia, las políticas de intervención de los países hegemónicos, se han caracterizado por saber identificar – por no decir, directamente crear – “males” lo suficientemente maleables como para adaptarlos a las necesidades de la agenda del poder, pero también lo suficientemente presentes como para que los asumamos como “males”.

Nos referimos concretamente al “flagelo” que acosa hoy en día a la humanidad: las drogas, y todo aquello que, en un modo u otro, con ellas se relacione. No es un tema nuevo, no es un tema sobre lo que nada se haya dicho, pero sí es un tema que lleva a que, en muchas ocasiones, se reduzca el ámbito de tratamiento a la cuestión de cómo legislar, qué penas aplicar, cómo aplicarlas, impidiendo el replanteo de cuestiones mucho más de fondo que implican examinar si estamos verdaderamente ante un problema, y, de ser así, si es un problema solucionable legislativamente.

El planteo legislativo lleva años de aplicación, con escasos – por no decir ningún – resultado relevante en un sentido positivo. Y decimos en un sentido positivo, porque sí podemos ver, en la evolución legislativa del tema en cuestión, cómo el legislador se ha encargado de introducir figuras que son claramente violatorias de las garantías básicas que un Estado de Derecho debe establecer para un proceso penal – como el agente encubierto o provocador – como así también de crear tipos penales explícitamente violatorios del principio de legalidad por su amplitud; todo esto, con la justificación de la dificultad que conlleva la persecución de este tipo de delitos.

HISTORIA

No es un descubrimiento nuevo, no es una realidad nacida en el siglo XX. Las drogas han existido en todos los momentos históricos de la humanidad, y han recibido diversas consideraciones de acuerdo al momento en el que se estudien. Es de destacar sí, que, con anterioridad a la guerra santa que llevamos adelante en su contra actualmente, nunca se dio un fenómeno de similares características en su tratamiento.

Haciendo un poco de historia en nuestro continente, vemos que a la llegada de los colonizadores a América, se encontraron con que no había un consumo permanente, masivo y extendido de las sustancias que llamamos drogas, sino que el mismo estaba relacionado con determinados rituales religiosos de los habitantes de la región. La cocaína, por ejemplo, si bien no era utilizada en los términos antes dichos, era un símbolo de status de los niveles superiores dentro del imperio inca. Como prerrogativa especial, podía permitirse su consumo por personas que no pertenecieran a esa elite, pero nunca en forma indiscriminada.

Los españoles venían a colonizar, y encontraron en la evangelización, un modo “limpio” y efectivo de hacerlo. Identificaron entonces como problemático a sus propósitos, todo aquello que se relacionara en forma directa con la cultura de los habitantes del continente, más aun si esa relación estaba dada por cuestiones vinculadas a la religión. Fue así, que se consideró a las drogas como “obra del maligno”, y se prohibió terminantemente su consumo.

Cuando los colonizadores descubrieron que el consumo de drogas por parte de los indígenas, podía reportales beneficios económicos por múltiples motivos, no dudaron un instante en modificar aquella “obra del maligno” por una “bendición del Señor”. Los indígenas que mascaban coca – y así, gracias a los españoles, se masifico el consumo de esta sustancia – comían menos y trabajaban más. Además, de la venta de la misma – que enriqueció a numerosos comerciantes españoles – un porcentaje iba a parar a la Iglesia. Y, para cerrar un negocio redondo, el “sueldo” que los habitantes percibían, era pagado por los colonizadores con hojas de coca<!--[endif]-->. Un claro ejemplo de esto, es lo sucedido en las minas de Potosí, en Bolivia, durante esta época.

Si vemos a este ejemplo histórico como el desarrollo de una “política de drogas”, claramente surge que los argumentos para su prohibición y para su legalización obedecieron directamente a intereses económicos, del mismo modo que obedeció la evangelización de la Iglesia (...)

NUEVA POTENCIA, NUEVA POLÍTICA, NUEVOS INTERESES

Ya no había más mundo por conquistar. Se agotaba el modelo imperialista. Y del norte de América, se perfilaba una nueva potencia.

A fines del siglo XIX, Estados Unidos está ya consolidado como una potencia mundial. Luego de una primera generación liberal en ese país, que lo ubica en ese rol, viene una nueva generación de tinte mucho más conservador con aspiraciones de permanencia en ese estatus, y con la intención de convertir a EE UU en EL país hegemónico.

Para esto, necesita librar una segunda conquista, donde las viejas potencias no tienen ninguna participación. Necesita crear un nuevo problema, un problema que nos involucre y nos haga sentir perjudicados. Necesita victimizarnos para ayudarnos. En definiva, nos necesita, no como iguales, no como aliados. Nos necesita sometidos y con problemas.

Nace la nación abstemia. La lucha contra los vicios, que primero será librada al interior del país, para luego extenderse como una peste, al resto del mundo. El discurso dominante en esta época, sostiene que los estadounidenses están llamados a ser la guía, a advertir los peligros que traen los males relacionados al consumo de alcohol y de drogas, y a llevar las soluciones necesarias a todos los confines del universo. Alguien mal pensado creería que la verdadera pretensión de nuestro “salvador” era encontrar una forma directa de intervención en los países menos poderosos, cuando lo que en realidad buscaba era salvarnos del pecado. ¿O no?

A principios del s XX, hay una corriente inmigratoria proveniente de China que entra en los Estados Unidos. No entra sola, entra con el opio bajo el brazo. Si bien en un principio no constituia un problema, ya que se daba una situación similar a la descripta con el consumo de la coca en la América colonial, esto le acarrea con el paso del tiempo al país una serie de percances considerables: los inmigrantes “contagiaban” a los naturales con su vicio, y como si esto por sí solo no fuera un horror, para colmo de males, Estados Unidos no era quien producía el opio, sino que venía de afuera.

Por otro lado, y en la misma época, se consolidan el gremio de los médicos y el de los farmacéuticos, cuyo principal interés, era terminar con los llamados “matasanos”, gente que sin pertenecer a la profesión, se dedicaba a tratar, recetar y proporcionar directamente a los interesados, distinto tipo de drogas.

El interés de los médicos y farmacéuticos era monopolizar el control de las sustancias que se recetaban. El interés de los dirigentes políticos era dotar de una justificación científica a la naciente cruzada moral – casi religiosa, podría decirse – que estaban emprendiendo. Estos intereses se complementarían perfectamente, y nacería así en el país, la primera ley prohibitiva relacionada con las drogas.

No debemos olvidar que EE UU no producía opio, pero sí en cambio estaba comenzando a producir drogas sintéticas, sobre las que aquellos profesionales de la salud tendrían el control.

ESTADOS UNIDOS INSTALA EL PROBLEMA

Consolidada la política prohibicionista al interior del país del norte, llegaba la hora de internacionalizarla. Un primer paso en lo que se convertiría a lo largo del s XX en una guerra mundial, fue la Conferencia de Shangai para el control del opio, llevada a cabo en 1909 con la presencia de 12 países. Varios fueron los objetivos que EE UU pretendió concretar a través de esta conferencia, entre los cuales figuró, por supuesto, el de convertirse en el lider moral del mundo y convertir el problema que había creado, en un tema de interés común a todos los países.

Sin embargo, no todos los países presentan caracteristicas homogeneas en cuanto a la producción y consumo de drogas.  Tampoco las presentan en cuanto a sus posibilidades de desarrollar politicas independientes y aplicables a sus realidades concretas.  Visto desde otro ángulo, esto lejos de presentarse como un problema le facilita a EE UU desarrollar plenamente sus políticas intervencionistas en América Latina.

Una de las caracteristicas más salientes de latinoamerica es la diversidad y gravedad de problemas con los que nos encontramos, sin embargo, la lucha contra las drogas se convirtió en todos los países en un tema que precupa centralmente a la dirigencia política.

Los enemigos de latinoamerica si bien han variado en el tiempo han conservado como  característica común venir definidos del Norte, no sólo eso: las soluciones también forman parte de esa definición.

COMERCIO Y PERVERSIÓN

Las condiciones de América Latina son propicias para la plantación y cultivo de diversas plantas clasificadas hoy como drogas. Ahora bien, frente a esto, cabe preguntarse: ¿son realmente malos los latinoamericanos que cultivan estas plantas? ¿lo hacen porque quieren contribuir a la decadencia mundial? ¿o será que tienen hambre?

El sistema en que vivimos nos lleva a plantear todo en términos de mercado. Esta es otra enseñanza que claramente vemos en el país del Norte. Ahora bien, plantear el tema de las drogas en términos de mercado, nos llevaría a afirmar que la producción de estupefacientes constituye un negocio rentable quizá el único negocio rentable para amplios sectores de la población de países sumergidos en la pobreza, que nunca pudieron salir de un esquema de producción rural.

Las leyes de la oferta y la demanda nos dicen claramente que se produce lo que se consume, que a mayor consumo mayor precio y mayor interés en el negocio. Entonces ¿no es suficientemente claro el por qué de la producción? El sistema de mercado nos dice además, que la intervención en su desarrollo debe ser la menor posible, ¿por qué no dejar que la mano invisible se encargue de esto?

Aquí es donde aparece el fundamento del prohibicionismo: la protección de la salud pública. En realidad, esta protección de la salud pública, trae aparejados perjuicios para grandes sectores de la población: no sólo quedan prácticamente excluidos del sistema de seguridad social todos aquellos que como consumidores de estupefacioentes son tratados como enfermos, pero por un juez, sino que además se pierden miles de vidas anualmente en una guerra sin fronteras. A esto debemos agregar que los campesinos que se dedican al cultivo de estas sustancias sufren del maltrato de los poderosos traficantes que en muchos casos tienen vinculaciones más que directas con el poder, sus gobiernos los persiguen penalmente para justificar las leyes prohibicionistas sin tener que perseguir a los grandes señores del negocio.

En otros términos, vemos como las partes más débiles de la cadena del narcotráfico, los pequeños productores y los consumidores, son las más vulneradas por un sistema perverso que empuja a la producción de lo que luego prohíbe.

Si tenemos en cuenta entonces, la cantidad de personas que pierden la vida a raíz del sistema prohibicionista, no queda otro camino que preguntarnos: ¿la salud pública de quién – o de cuántas personas – se intenta proteger? ¿Este sistema resulta eficaz?

¿LA REGIONALIZACIÓN TRAE LA FUERZA?

Hasta aquí, creemos que ha quedado claro que las políticas acerca de las drogas del último siglo han sido definidas directamente por los Estados Unidos. Esto se ha debido en parte, a la debilidad institucional y a la dependencia económica que nos ha llevado a aceptar todas las “sugerencias” en materia de control de drogas aplicables a nuestros países.

Si bien no podemos sostener que se haya producido un cambio del cien por ciento en la situación descripta, sí debemos tener en cuenta que en la actualidad vivimos en una realidad parcialmente diferente. Algunos países de América Latina comienzan a involucrarse en proyectos de regionalización con el objetivo de solidificar sus economías en desarrollo, y de generar políticas comunes en cuanto a las problemáticas que se presentan en los mismos.

Creemos que este es un ámbito propicio para replantear las políticas antidrogas que nuestros países están llevando adelante, y preguntar hasta qué punto estas políticas son necesarias y beneficiosas para nuestro desarrollo como región y hasta qué punto son dictadas por fuerzas externas.

Tendría que llamarnos la atención el hecho de que se apliquen las mismas políticas antidrogas en nuestros países subdesarrollados que en las grandes potencias económicas, y con esto obligatoriamente deberíamos concluir que no se están considerando las problemáticas particulares de los países en cuestión.

Otro hecho a considerar, es que, mientras se libra una guerra sin cuartel en los países pobres que cultivan sustancias estupefacientes, en los laboratorios de las grandes economías se estudian diariamente nuevas sustancias químicas de efectos adictivos.

En el plano jurídico, también hay cuestiones observables, como lo es el hecho de que las grandes potencias nos impulsan a ratificar instrumentos internacionales de derechos humanos y a la vez, al tratarse de cuestiones vinculadas con las drogas, no tienen ningún reparo en que quebrantemos los mismos derechos que quieren que protejamos. Es más, nos sugieren que hagamos esto como una forma de transformar en efectiva la lucha contra el narcotráfico.

Ante esta situación, que no admite otro calificativo que el de esquizofrénica en todos los planos, es hora de que los países subdesarrollados, utilicen como herramienta estos procesos de regionalización para dictar sus políticas propias. De otro modo, en vez de ser países dependientes, terminaremos convirtiéndonos en regiones dependientes. En palabras de Neuman: “Es posible que la legalización de ellas  (las drogas)  se convierta en un futuro en un elemento de liberación nacional y permita a los países hoy involucrados, defender sus propias convicciones jurídicas y éticas sobre este problema" (Neuman)

PONGAMOSLE TÍTULO

Muchos de los efectos positivos de la despenalización pueden entreverse a lo largo del desarrollo realizado hasta aquí. Todos ellos han sido pertinentemente analizados en publicaciones específicas sobre el tema. A los efectos de este trabajo, creemos conveniente no detenernos en ellos, y analizar la situación desde otra pespectiva: ¿Por qué obligados a ser pobres?

Estas políticas porhibicionistas nos obligan a ser pobres porque nuestros países no sólo no cuestionan estas políticas que les son impuestas desde el exterior, sino tampoco se preguntan a qué intereses sirve realmente su aplicación, que obviamente, no son los intereses de los países pobres.

Y decimos que no sirven a los intereses de los países pobres porque:

  • Porque los países pobres tienen problemas mucho más graves que solucionar, que tienen que ver con el hambre, con la miseria, con la desocupación, con la salud, con la educación, etc., que mayoritariamente no tienen ni siquiera un contacto tangencial con la cuestión de las drogas, y que no cuentan con ningún tipo de plan de acción concreto.
  • Porque los países pobres invierten millones de dólares en esta lucha inútil, lo que los obliga a seguir endeudándose, a seguir empobreciéndose.
  • Porque los países pobres ponen a funcionar muchas veces a todo su sistema judicial en causas insignificantes basadas en esta legislación prohibitiva, desaprovechando así los escasos recursos con que cuenta la ya de por sí mala administración de justicia de nuestros países.

Los países latinoamericanos, no llegan a plantearse la legalización o no de las drogas como un problema económico. Seguimos viendo a las drogas como un mal que hay que erradicar, y eso nos impide en muchas ocasiones ver que quienes generan ese discurso son a la vez quienes se hacen más fuertes con las ganancias del narcotráfico, y quienes tienen la mayor cantidad de consumidores de sustancias prohibidas.

Para terminar, nos parece que es importante señalar que, a la hora de pensar en una política sobre drogas en América Latina, hay que tener muy en cuenta que, los mismos que nos dicen que su preocupación es grande por las muertes que causa el tráfico y consumo de drogas, son aquellos que no se preocupan porque la gente se muera de hambre.

 

 

 

Modificado el ( Sunday, 29 de March de 2009 )
 
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